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Silvia y Javi

Caravan Made

Texto y fotografía de Santi Garcia

10.12.14

Silvia y Javi querían ofrecer un concepto gastronómico distinto a la ciudad y un día una caravana se cruzó en su camino. Fue amor a primera vista. Javi dejó su puesto en el Celler de Can Roca y tras dos meses de intenso trabajo Caravan Made se estrenaba en La Candelera, la feria más importante de su pueblo. Ha pasado casi un año y la comunidad de fans de esta entrañable caravana de aires nórdicos no deja de crecer. Se formaron en la Hoffmann y se han ganando una merecida reputación en la escena gastronómica de Barcelona a base de trabajo, cuidar los detalles y ofrecer un producto de primerísima calidad. Sin embargo, lo que realmente diferencia y hace especial a este proyecto son las personas que hay detrás de Caravan Made. Tuvimos el placer de pasar un rato con Silvia y Javi para hablar de lo que han vivido durante este último año y de sus planes de futuro.

¿Como empezó Caravan Made?

S: Somos del mismo pueblo y somos pareja desde hace bastantes años. Javi estudió producción audiovisual y yo publicidad, pero sin darnos cuenta la gastronomía empezó a entrar en nuestras vidas. Nos escapábamos los fines de semana a una casa que mi familia tiene en Sitges y nos encerrábamos a cocinar sábados y domingos.

J: Siempre había tenido la inquietud de ser cocinero pero fue Silvia la que empezó a interesarse por probar recetas y me empujó a la cocina. Al principio cocinábamos para nuestros amigos y, con el tiempo, cada uno encontramos nuestro lugar. Silvia, que es mucho más científica, se interesó por la pastelería; yo soy más de experimentar y ver que sale. Fue todo muy natural.

¿Cómo surgió la idea de montar un food truck?

J: No nos identificamos con la palabra food truck. Originalmente queríamos crear un concepto gastronómico diferente. Un día me encontré con esta caravana y fue amor a primera vista. La vi y la compré. Llamé a Silvia y le dije: “Silvia, hemos comprado una caravana.” No teníamos coche, no teníamos donde guardarla, no teníamos nada. Sólo el dinero para comprarla. Dejé mi trabajo en el Celler de Can Roca y nos pusimos manos a la obra.

¿Por qué dejaste la alta gastronomía por Caravan Made?

J: El cambio fue personal. La alta gastronomía me encanta y me metí en ella por pasión y por vocación. Me gustaba trabajar en el Celler de Can Roca, pero me di cuenta que no quería estar 18 horas diarias encerrado en una cocina.

Silvia, viviste un tiempo en Berlín ¿Cuéntanos por qué te fuiste a Berlín y de qué manera esa experiencia se ve reflejada en Caravan Made?

S: Acabé de estudiar publicidad y quería la experiencia de vivir fuera un tiempo. Me fui a Berlín porque hablaba algo de alemán. Fue un año para pensar, disfrutar y experimentar. Allí una de mis amigas decidió emprender y montar una cafetería en la que estuve trabajando como pastelera unos meses. Aprendí mucho y me sirvió para descubrir que eso era lo que me gustaba. A su vez, vivir desde dentro la experiencia de una amiga que había emprendido hizo que me entrasen ganas de tener un proyecto propio. En la escuela te enseñan que debes buscar un trabajo estable, pero salir y ver gente que hacía otras cosas y montaba sus negocios me sirvió para darme cuenta de lo enriquecedor que es tener un proyecto propio.

¿Cuál es el concepto de Caravan Made?

J: La idea es ofrecer cocina sencilla que a nosotros nos gustaría comer. Al principio nos pusimos unas normas: Intentar trabajar siempre que se pueda con producto de temporada, ofrecer en nuestro menú dos bocadillos de carne, uno vegetariano y uno vegano, y utilizar pan ecológico. Nuestra inspiración viene del norte de Europa que es donde Silvia aprendió a ser pastelera y donde crecimos como relación. Allí nos dimos cuenta que queríamos estar juntos y que queríamos tener nuestro propio proyecto gastronómico. Cada vez que iba a ver a Silvia a Berlín en vez de ir a los museos (¡que los visitamos una vez todos!) nos pasábamos todo el día de café en café probando cosas.

Participáis en todo tipo de eventos, desde eventos de street food a bodas o restaurantes pop up. ¿Qué es lo que más disfrutáis?

S: Disfrutamos mucho las bodas porque son tranquilas y la planificación es más fácil que en un evento masivo. Por otro lado, nos encanta la adrenalina de eventos como Eat Street que además nos permiten conocer a muchísima gente nueva e interesante. Sin embargo, en eventos grandes hay mucha incertidumbre y nunca sabes lo que vas a vender. Ha habido eventos en los que hemos sufrido y en muchos hemos perdido dinero. Pero siempre ganas algo porque disfrutas, aprendes y te das a conocer.

¿Qué es clave para que el evento salga perfecto?

J: Cada evento es como abrir un nuevo negocio, no sabes lo que va a pasar. Intentamos organizarnos muy bien y dividir las tareas. También es muy importante para nosotros que haya buen ambiente en el equipo. En Caravan valoramos mucho la personalidad de las personas que trabajan con nosotros, por encima de sus conocimientos culinarios. Laura, Tere, Carla o Pol, que nos ayudan en muchos eventos, no tienen una formación en gastronomía pero aportan muy buen ambiente al equipo. Eso nos ayuda a funcionar bien.

Habéis colaborado con mucha gente como Laura del Huerto de la Casita o Miren de La Madre de Miren. ¿Qué buscáis en una colaboración?

S: Nos gusta mucho colaborar. Muchos de los pequeños eventos en los que participamos son eventos en los que no ganamos mucho dinero pero que nos han permitido conocer a muchas personas y proyectos con los que compartimos mucho. Creo que es algo muy positivo. Cuando colaboramos lo hacemos con gente que tenga un concepto parecido y con quien conectemos. A Miren, por ejemplo, la conocí en el primer evento de Kinfolk en Les Tres a la Cuina. Enseguida hubo feeling y de ahí surgió una colaboración.

¿Qué pensáis de la escena foodie de Barcelona?

S: Mucha gente tiene inquietudes e ideas. No todo el mundo puede permitirse un restaurante, pero están surgiendo muchos proyectos alternativos como por ejemplo Rooftop Smokehouse. Tienen un concepto muy especial que nos encanta. A su vez, creo que estamos volviendo a los orígenes, a hacer las cosas bien, cuidando el producto como lo hacían nuestros abuelos, pero con una imagen y diseño actual.

¿Qué opináis de la escena local de food trucks? ¿Hay una comunidad?

S: Empezamos muchos en el mismo momento y se ha ido creando una comunidad. Compartimos mucho y nos ayudamos. Estamos creando un grupo que se llamará Convoy para ir juntos a eventos. Eso nos ayudará mucho a nivel de gestión. Al ser unos cuantos es más fácil hacer ruido y que la gente te escuche. Creo que cada vez saldrán más, pero hay que ser consciente del trabajo que supone un proyecto como el nuestro. No es llegar, vender y ya está; es un trabajo muy duro.

Si os dejasen plantar la caravana en un espacio fijo. ¿Dónde os gustaría estar?

J: Nos encantaría estar en los jardines de la UB. Estuvimos allí en verano y lo disfrutamos mucho. No tenías el ruido de la calle, es un oasis en el centro de la ciudad. Es un lugar muy agradable.

¿Qué es lo que más disfrutáis de Caravan Made?

S: Para nosotros la respuesta de la gente es lo más importante y lo que más nos llena. Gracias a Caravan Made hemos conocido a mucha gente con buenos proyectos y es algo que nos enriquece mucho. Nos encanta ver que el concepto gusta y recibir buen feedback. Además, es muy satisfactorio ver que de la nada hemos creado algo que poco a poco va creciendo y evolucionando.

¿Qué planes de futuro tiene Caravan Made?

J: Nos gustaría tener un espacio fijo y también montar una cocina de coworking. La cocina es compartir horas y aprender los unos de los otros. Por otro lado, acabamos de montar otra caravana que es una vermutería. Estamos muy abiertos y siempre que nos preguntéis habrán nuevos proyectos.

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